Desde que iniciamos a la universidad los
docentes nos hacen la pregunta de que es más importante la actitud o la aptitud,
pero cuando salimos de ahí hacia el mundo de los negocios es cuando comenzamos
a descubrir el verdadero significado de estas dos palabras.
La jornada laboral inicia desde el momento que nos levantamos y
sabemos que nuestro destino es la empresa a la cual apoyamos es de ahí donde
debemos poner la mejor de nuestras actitudes, es de aquí donde le ponemos el
corazón y el amor a lo que estudiamos.
Nuestros superiores se dan cuenta que la actitud necesaria sobre
pasa las aptitudes, pues es lo más grande que podemos aportar dado que muchas
cosas no las vamos a saber pero conforme queremos vamos aprendiendo sin dejar
de lado la humildad que cada uno de nosotros debemos de llevar para poder decir
un ¡No sé cómo se hace!
Pero, también de aquí se deriva varias situaciones las cuales te
quitan el impulso, la ilusión por aprender he incluso te tiran abajo cada una
de esas actitudes positivas que quieres reflejar y que tienes por lograr que
las cosas marchen mejor.
También logramos ver en la gente que nos acompaña que las
actitudes de ellos influyen sobre nuestro ánimo, pues tienen una gran aptitud
en el puesto que ejercen (eso sin duda) pero no reconocen que lo que uno es, eso refleja.
A veces no sé cómo actuar, y como seguir adelante ante experiencias
que uno no quisiera vivir y más bien quisiera huir, aun así me levanto día
con día pidiendo a mi
Dios que guié mi pasos en este camino y me dé, el día y la hora para poder
salir.
“Por la mañana hazme
saber de tu amor,
porque en ti he puesto mi
confianza. Salmo 143: 8”
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